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Fumar es malo. Inhalar nicotina con glicerina y propilenglicol no lo es. Me remito a entradas anteriores que muestran esto como evidente. Y sin embargo, es evidente que muchos no lo ven. ¿Por qué? He buscado razones, aunque habrá más. Las que yo he encontrado las clasificaré en cinco grandes grupos

1. Información recibida insuficiente (y pereza para buscar) Aquí incluiría a una parte de la población general que tiene la mente ocupada en otras cosas (su vida, la crisis, otros asuntos de actualidad...) y respecto al cigarrillo electrónico, no saben no contestan.

2. Información recibida equivocada (y pereza para contrastarla). Aquí incluiría a un gran número de personas que han oído o visto algunas de las noticias desinformadoras, y creen que el cigarrillo electrónico da cáncer, produce neumonía lipoidea, es igual de malo que el tabaco, etc.

3. Manejo deficiente de la información (estadística, bioquímica, general de la noción de salud...) Aquí incluyo a aquellos que, aplicando al cigarrillo electrónico la misma falta de proporcionalidad estadística que aplicamos a otras facetas (mueren más pilotos de avión en accidentes de coche que de avión) se dejan llevar por titulares alarmistas ("el cigarrillo electrónico tiene más níquel que el tabaco") sin leer la letra pequeña (ambos están decenas de miles de veces por debajo de lo que ingerimos a diario por alimentos, y suponen dosis millonésima de lo que sería tóxico, por ejemplo).

4. Sesgo inconsciente por interés personal o rigidez cognitiva: esto nos pasa a veces a los médicos: la miopía de confundir Salud con Medicina, o el temor a "perder la exclusiva" de una "patología" hace que miremos con desdén o desconfianza las soluciones que no vengan en blister y con prospecto.

5. Mala fe: Es triste, pero real y humano, ver cómo los profesionales que más se prodigan activamente por medios de comunicación avisando de lo "peligroso" que es el cigarrillo electrónico (el escaso fundamento de esto lo puedes ver en este blog), privan a muchos fumadores de una potente herramienta de reducción de daño, y les ofrecen únicamente... la alternativa de dejar de fumar, con tratamientos poco eficaces, o con argumentos culpabilizadores y que en todo caso dejan sin solución real a ese 90% de fumadores que no lograrán dejar el tabaco. Y es algo más que triste (indignante, vergonzoso, e incluso en algún caso punible) ver que dichos profesionales lo hacen en nombre de quienes más deberían alegrarse por la reducción de daño en los fumadores: Institutos contra el Cáncer, Organizaciones médicas colegiales,  Sociedad española de patologías respiratorias, Comité Nacional para la prevención del tabaquismo, Sociedad española para el estudio del tabaquismo. Me pregunto si el hecho de que a muchos les apoye económicamente un famoso laboratorio que comercializa tratamientos para el tabaquismo explica esta mala fe. Y me contesto que cada lector saque sus conclusiones. Abundo en el tema en este enlace.

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